"HISTORIA DE UNA VIDA"
Permítanme que me presente, soy Cristóbal Montoro “El Turronero”, Tobas El Turronero como casi todo mundo me llama o me conoce.
A pesar de mi juventud, soy la 4ª generación de turroneros en mi familia y esto es un gran orgullo para mi y sé que en el cielo estarán orgullosos de mi, del trabajo de mi padre y mi familia que son mi motor para cada día seguir adelante.
Nací un 5 de agosto y a pesar de mi corta edad, para septiembre ya estuve en la feria de Jódar la tan aclamada feria del Cristo de la Misericordia. Vengo de una familia humilde, trabajadora y respetuosa, esos valores que nadie te enseña pero que si se inculcan desde muy pequeño tu propia familia y tengo que dar gracias a la mía por ello.
Somos la 3ª y 4ª generación de turroneros, esas personas que saben del arte de las garrapiñadas, turrones o dulces artesanos elaborados artesanalmente, con recetas de mi bisabuelo que nació en la ciudad de Baeza junto con su mujer Catalina y a su unión nació el mayor de los hijos, mi abuelo CRISTOBAL MONTORO “El Turronero” o "El Paisano" como bien nos siguen apodando cariñosamente mucha gente, no tuvo una infancia fácil pues corrían malos tiempos y desde muy pequeño empezó a trabajar.
Recuerdo de memoria sus historias, que iba de un pueblo a otro para vender un sábado o un domingo cualquiera andando empujando el "carrillo del turrón" de madera y gritaba: "A peseta, a peseta llevo el trozo de turrón", parabas en una venta antigua llamada Venta Fría o la Venta Bastián para hacer noche y descansar.
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Poco después conocía a mi abuela en esas frías noches cuando paró una venta cercana a La Yedra y con el paso del tiempo decidieron pasar juntos el resto de sus vidas y formar una familia. Después de una Feria de Jaén decidieron marchar a Villacarrillo para hospedarse en la Caseta del Turrón de la Plaza del Ayuntamiento hasta que pasase la Feria de Mayo.
Con la llegada de la época estival llegaban las ferias y romerías y nuestra siguiente parada era Vilches y después Puente Génave, donde íbamos con un Renault 4. Recuerdo pasar por Montizón y me abuelo me decía: "Mira Tobas, ahí he estado yo vendiendo en ese cortijo".
Se consiguió comprar una caseta de chapa donde íbamos a la Estación de Begíjar, Sabiote y a Jódar donde recuerdo a mi abuelo decir: "Tobas, no abras que no se puede abrir hasta el día 1". Allí mi padre acicalaba el toldo del carrillo para irse a la plaza. Nunca olvidaré ir de la mano de mi madre para ver si mi padre necesitaba algo, siempre terminaba quedándome con él y quería llevar el carrillo.
Después seguía el día de la Cruz, la Feria de San Miguel y San Lucas y con esto se cerraba el año pero al ver la gran aceptación por parte de todos los clientes de decidió comenzar con la andadura de vender frutos secos o patatas caseras. Mi abuelo era el encargado durante el invierno de partir las almendras para tener toda la temporada para tostar o freír con el maravilloso aceite de oliva de nuestra tierra.
Si algo nos avala es nuestro compromiso cada día con nuestros clientes y la calidad de todos los productos que ofrecemos.
Solo quiero dar las gracias a todo el mundo por todos estos años de confianza en nosotros... ¡Esperemos que sean muchos más!